Irán vive un contraste espiritual que ha llamado la atención de ministerios cristianos y observadores de la persecución religiosa: mientras miles de mezquitas han cerrado en los últimos años, la iglesia clandestina continúa creciendo en secreto. En medio de vigilancia, detenciones y presión del régimen islámico, cada vez más iraníes buscan respuestas fuera del islam oficial.
Según CBN News, existen iglesias clandestinas en Irán donde creyentes se reúnen en secreto para estudiar las Escrituras, compartir el Evangelio y fortalecer su fe. La nota señala que, tras décadas de control religioso desde la Revolución iraní, muchos ciudadanos muestran un profundo cansancio frente a una cultura marcada por miedo, martirio y obediencia forzada.
Uno de los testimonios citados es el de Mohamad Faridi, quien creció en un hogar musulmán chiita rodeado de relatos de martirio. Desde niño, su familia fue honrada porque varios parientes habían muerto como mártires del islam, e incluso calles de Teherán llevan sus nombres como homenaje a ese sacrificio.
Durante su entrenamiento con la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) Basij, Mohamad fue obligado una noche a entrar en una fosa común islámica junto a otros jóvenes soldados. El objetivo, según el relato, era que experimentaran la muerte antes de llegar al campo de batalla, mientras escuchaban cánticos sobre el martirio y el más allá.
Aunque había sido enseñado a creer que morir por Alá era el mayor honor, Mohamad comenzó a sentirse vacío después de terminar su servicio militar. A los 21 años, una conversación con un amigo llamado Rasul cambió su vida cuando le habló de Jesús y le explicó que Cristo sufrió, sangró y murió voluntariamente para dar vida eterna.
El mensaje impactó profundamente a Mohamad, porque toda su formación religiosa había estado marcada por esfuerzo, miedo y castigo. Según el testimonio, al escuchar que Jesús ya había sufrido por él, sintió como si “un rayo” hubiera alcanzado su corazón, y por primera vez conoció a un Dios motivado no por temor, sino por amor.
Después de entregar su vida a Jesús, Mohamad se unió a la iglesia clandestina en Irán, donde comenzó a reunirse en secreto con otros creyentes, estudiar la Biblia y compartir el Evangelio. Sin embargo, las amenazas aumentaron por su conversión, hasta que finalmente huyó del país y recibió asilo en Estados Unidos como refugiado religioso.
Actualmente, Mohamad Faridi preside Iranian Christians International, un ministerio dedicado a evangelización, discipulado, distribución de Biblias y apoyo a la iglesia clandestina dentro de Irián y en el mundo musulmán. En una entrevista con Josh Doyle, del programa No Longer Nomads, describió el cambio espiritual del país con una frase contundente: “El islam está muriendo como nunca antes se había visto morir nada tan rápido en Irán. La religión está muerta en Irán”.